Por Cristián Frers – Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social (Periodista).
Los bosques son ecosistemas imprescindibles para la vida, formados sobre todo por árboles. Son el hábitat de multitud de seres vivos: regulan el agua, conservan el suelo, la atmósfera y suministran una gran diversidad de productos útiles para satisfacer las necesidades humanas.
De los bosques obtenemos una serie de bienes y beneficios indispensables para nuestra supervivencia: alimentos vegetales y animales, maderas, leños, frutos, plantas medicinales, su sombra para proteger a los animales del calor y otros.
La cadena que comienza con la tala de un árbol, en un punto del planeta, es equivalente a la ausencia de un eslabón en una gran cadena, de tal modo que, lo que parece insignificante en sí mismo se torna primordial en el tejido medio ambiental. La deforestación es un proceso provocado, por lo general, por la acción humana, en donde se destruye la superficie forestal. Principalmente debido a las talas o quemas realizadas por la industria maderera, así como para modificar el suelo para la agricultura y ganadería.
Talar árboles sin una eficiente reforestación causa un serio daño al hábitat, que obtiene como resultado una pérdida de biodiversidad y aridez. Deja también un impacto adverso en la fijación de carbono atmosférico (CO2).
Las regiones deforestadas tienden a una erosión del suelo y con frecuencia se degradan convirtiéndose en tierras no productivas.
Entre los factores que llevan a la deforestación en gran escala se cuentan: el descuido e ignorancia del valor intrínseco, la falta de valor atribuido, el manejo poco responsable de esta práctica con leyes medioambientales deficientes.
Los bosques y selvas, además de concentrar considerable biodiversidad, juegan un papel fundamental en la regulación climática, el mantenimiento de las fuentes y caudales de agua y la conservación de los suelos. Son la esponja natural y un paraguas protector. Cuando se pierden bosques, la naturaleza se vuelve más vulnerable ante las intensas lluvias y se corre serios riesgos de inundaciones, pues las cuencas pierden su capacidad de controlar los caudales de agua, riachuelos y ríos experimentando rápidas fluctuaciones, que a menudo dejan como resultado desastrosas inundaciones, río abajo.
Según datos de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, desde la sanción de la Ley de Bosques (noviembre de 2007) hasta la actualidad, se deforestaron en la Argentina más de dos millones de hectáreas, de las cuales 620.000 eran bosques protegidos. La provincia de Entre Ríos perdió más de 85.000 hectáreas de montes nativos. Esta provincia es la más afectada por las crecidas, con más de 20.000 personas desplazadas de sus hogares. En el país, se talaron unas 300.000 hectáreas de árboles nativos cada año y, a ese ritmo, en los próximos cien años no quedará un solo árbol de pie.

La pregunta que muchos se hacen es: ¿para que cuidar los bosques? La respuesta es muy sencilla: por la importante producción de oxígeno atmosférico para la conservación del suelo, la regulación del clima y el albergue de un sinnúmero de especies tanto animales como vegetales, convirtiéndolos en ecosistemas indispensables para la conservación de la vida en el planeta. El uso de los recursos debe tener un carácter ordenado y defendible, involucrando en su participación a las comunidades locales de las provincias y de la Nación. Se debe proteger las muestras representativas de esos ecosistemas, utilizar con responsabilidad los recursos naturales y restaurar los bosques y selvas destruidos o degradados.
En definitiva, es un reto al alcance planetario, ya que el sobrecalentamiento en la tierra tiene -y tendrá aún más- impactos brutales sobre la salud, con la falta de acceso a los alimentos y al agua potable, el desarrollo de nuevas enfermedades, el aumento de la frecuencia y la intensidad de fenómenos meteorológicos extremos: terremotos, erupciones en volcanes desde años apagados, temblores,maremotos, sequías, serias inundaciones.Enormes son los beneficios que obtiene el ser humano, como resultado de las funciones de estos ecosistemas, los cuales ayudan a proteger la vida en la tierra.
Un país que no cuida sus bosques no puede plantearse seriamente ser “una nación que tiene el eje ambiental como una política de Estado”.