Por Andrea Truffa – Docente y Comunicadora ambiental
La tragedia se repite una y otra vez. La noticia ya no sorprende, pero no deja de doler. El verano avanza y los incendios se vuelven cada vez más recurrentes en la Patagonia Argentina. A principios de 2026, en la localidad de El Hoyo (al noroeste de la Provincia de Chubut), comenzó un feroz incendio que ya arrasó más de 2000 hectáreas de bosque y aún no ha sido controlado. Los focos se replicaron en otras localidades y el riesgo aumenta minuto a minuto.Este triste escenario, como todo problema ambiental, tiene muchas aristas para abordar. Se deberá investigar quienes son los culpables de este crimen ya que el 95% de los incendios forestales son por causas humanas (por intención, negligencia y/o falta de controles). Los medios aseguran que la fiscalía encontró acelerantes químicos que, de ser cierto, sería una prueba del ecocidio causado en una zona de emergencia forestal sumamente vulnerable.

Nada parece casual. Se sospechan intencionalidades, se culpan a comunidades o a proyectos privados y se evidencia luchas de poder. En el medio se encuentra el sufrimiento de las poblaciones evacuadas, viviendas destruidas, animales muertos y bosques milenarios convertidos en cenizas. El momento y el lugar son claves. Las condiciones ambientales de la región en esta ápoca del año favorecen la propagación de cualquier incendio y el cambio climático (que ya no se puede negar) intensifica de forma extrema los fenómenos de vientos, sequía y altas temperaturas. Además, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), a partir del análisis de diferentes variables, anunciaron para gran parte del territorio nacional el riesgo extremo de incendios forestales durante el mes de enero.Otro factor a tener en cuenta es la presencia de pinos plantados con fines productivos que, a diferencia de las especies nativas, son más inflamables y permiten el avance del fuego velozmente. Además, es una especie exótica adaptada al fuego que al morir quemada deja semillas y crece muy rápido por lo que seguiría invadiendo la zona de vegetación autóctona que fue arrasada previamente.

La intencionalidad humana, el estado del tiempo y la introducción de especies son un combo peligroso que se suma a la falta de recursos y desfinanciamiento que deben enfrentar bomberos que arriesgan sus vidas en zonas sumamente hostiles. Asegurar presupuesto, infraestructura y equipamiento adecuado le permitiría al personal dar respuestas más veloces ante estos desastres que cada vez son más frecuentes.La responsabilidad ciudadana es necesaria para la prevención, pero claramente insuficiente. No es un problema que se pueda afrontar solamente de forma individual, se requiere compromiso y accionar político de las autoridades que aseguren la protección de los ambientes naturales, así como la total implementación de la Ley de Bosques y del Fondo Nacional de Manejo del Fuego.
No queremos que la Patagonia vuelva a arder. Necesitamos acciones urgentes.