Fundación Espacios Verdes

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Organización sin fines de lucro con la misión de promover la mejora en la calidad de vida en armonía con la naturaleza a través de la Educación Ambiental.

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Cuatro mil metros de viaje submarino, (y un país emocionado)

Por Andrea TruffaDocente y Comunicadora ambiental

Durante casi veinte días (del 23 de julio al 10 de agosto de 2025) miles de personas se sumergieron a través de las redes sociales en el desconocido Cañón Submarino Mar del Plata, una zona muy poco explorada en el Atlántico Sur frente a la costa bonaerense. Allí convergen la corriente cálida de Brasil y la fría de Malvinas, arrastrando sedimentos y ofreciendo un ambiente único para el desarrollo de especies que superan a la ficción. Los avances de la tecnología permitieron transmitir en vivo imágenes nunca vistas de ese fondo marino y todo un país se sintió parte de un viaje épico, asistiendo colectivamente a cada encuentro por YouTube e interactuando con los protagonistas del proyecto científico.

Esta campaña no es la primera en la zona; entre 2012 y 2013 se llevaron a cabo otras tres expediciones llamadas Talud Continental I, II y III a bordo del Buque Oceanográfico Puerto Deseado del CONICET. En esas oportunidades se recolectó información que permitió identificar decenas de especies nuevas e impulsar cientos de investigaciones. 

En esta cuarta misión se busca ampliar el conocimiento para entender los ecosistemas marinos y proteger una zona de alta biodiversidad. Los objetivos son relevar las especies que viven en las profundidades (como esponjas, estrellas, corales, crustáceos o peces), estudiar sus patrones de reproducción y distribución, detectar contaminación por plásticos, investigar reservas de carbono azul como mitigadores del cambio climático, entre otros fines académicos, pero también se suman objetivos de comunicación pública de la ciencia, educación y formación de jóvenes investigadores.

Para poder realizar la expedición nombrada “Talud Continental IV”, varias Instituciones y Universidades argentinas participaron del concurso internacional organizado por el Instituto Oceánico Schmidt de Estados Unidos, donde ganaron la posibilidad de utilizar el buque científico Falkor (too) y el Vehículo Submarino Teledirigido (ROV) SuBastian. Como dato de color: ambos nombres fueron tomados de los personajes de la película “La historia sin fin”, un clásico del cine de los años 80´, quizá por los ambientes recorridos y las especies encontradas que rozan lo fantástico.

El ROV SuBastian, un robot submarino de 2,7 x 2,2 x 1,8 metros que cuenta con sensores e instrumental científico, llegó a los 3900 m de profundidad, trasmitiendo imágenes en 4K para todo el mundo y recolectando muestras biológicas y sedimentarias del fondo marino. Fue dirigido a distancia por el equipo técnico y científico que se encontraba a bordo del buque, dividido en grupos de trabajo por turnos que identificaron especímenes y posteriormente clasificarán y estudiarán lo recolectado. 

El equipo estuvo conformado por más de 30 científicos y científicas de diversas disciplinas e instituciones argentinas, entre ellas: el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN, CONICET), el Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR, CONICET), el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC, CONICET- UNMDP), el Instituto de Biodiversidad y Biología Experimental y Aplicada (IBBEA, UBA-CONICET), el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET), el Instituto de Diversidad y Ecología Animal (IDEA, CONICET-UNC), las Universidades Nacionales de Buenos Aires, Córdoba, La Plata y Mar del Plata

El federalismo y la interdisciplinariedad fue clave en esta expedición que al ser transmitida en tiempo real por Internet tuvo un fuerte impacto social, complementando las imágenes de altísima calidad con el relato apasionado de las y los especialistas en cada tema, permitiendo el acceso al conocimiento científico a sus seguidores. Miles de personas se concientizaron por la presencia de plásticos a grandes profundidades y se maravillaron colectivamente, despertando sentimientos y preguntas, no sólo por los asombrosos seres encontrados como un llamativo pepino de mar violeta o una simpática estrella de mar que parecía tener nalgas, sino también por los avances de la ciencia y la tecnología, tan necesarios para tomar decisiones críticas y conscientes sobre los bienes comunes y el cuidado del ambiente.  

No podemos omitir que el grupo de científicos y científicas trabajaron a poca distancia del territorio en disputa para una posible explotación petrolera offshore lo que implicaría modificaciones y alteraciones drásticas de los ecosistemas, hechos que vienen denunciando diversas organizaciones ambientalistas. El relevamiento biológico en esta zona, además por ser un área de pesca, tráfico y contaminación, tiene un alto valor para entender los procesos ecológicos que allí ocurren, poder tomar decisiones estratégicas e implementar políticas sustentables frente a la crisis ambiental.

En tiempos de instantaneidad y desinformación, esta experiencia submarina permitió adentrarse lentamente en las profundidades de nuestro mar azul, a veces en silencio y otras en compañía de los comentarios de expertos que contagiaban emoción por su pasión y claridad sobre aquello en lo que se habían formado durante toda su vida. Se volvió visible algo que permanecía oculto para miles de argentinos y argentinas: la necesidad de conocer y cuidar los ecosistemas marinos, así como también la importancia de financiar la educación pública y el desarrollo científico para que pueda seguir funcionando y aportando a la soberanía del país. Recordemos las palabras de Bernardo Houssay, un célebre científico argentino ganador de un Premio Nobel: La ciencia no es cara, cara es la ignorancia.

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