Fundación Espacios Verdes

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Organización sin fines de lucro con la misión de promover la mejora en la calidad de vida en armonía con la naturaleza a través de la Educación Ambiental.

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El suelo está en nuestras manos

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El suelo está formado por componentes orgánicos e inorgánicos, resultado de diversos procesos físicos, químicos y biológicos. Esta capa superficial de la corteza terrestre, que muchas veces pasa inadvertida bajo nuestros pies, presenta un amplio abanico de variedades. 

Lejos de ser una simple acumulación de minerales, el suelo es un sistema dinámico donde habita una increíble cantidad de seres vivos. Allí se produce una infinidad de procesos imprescindibles para la subsistencia de las comunidades de seres vivos.

El suelo cambia sus propiedades de forma natural a lo largo del tiempo, pero también se ve afectado por las acciones humanas. En Argentina una de estas actividades es la agricultura industrial basada en el modelo de los agronegocios: el extractivismo y la especulación económica no se caracterizan por actuar de forma sostenible y respetuosa con los ecosistemas.

Aunque no es la única causa de deterioro del suelo, el modelo agrícola en nuestro país representa una problemática seria para este recurso. Los monocultivos suelen modificar sus características afectándolo negativamente. Al implementar la soja de forma intensiva y al evitar la rotación (con trigo o maíz, por ejemplo), se produce un agotamiento de los nutrientes. El cultivo de soja genera la pérdida de fósforo, azufre, calcio y magnesio, entre otros, disminuyendo también su fertilidad.

Esta lógica se encuadra en una concepción del suelo como sustrato muerto e infinito del cual se puede extraer sin reponer nada. Es claro que esta acción no se sostendrá eternamente.

Otras de las características es el escaso rastrojo generado por la soja. Esos residuos naturales protegerían al suelo de la erosión, pero su falta provoca que quede expuesto a factores climáticos aumentando aún más la pérdida de nutrientes.

El agotamiento del suelo y el monopolio de los OGM (organismos genéticamente modificados) ha impulsado el uso de agrotóxicos que alteran los ciclos biogeoquímicos naturales, generando contaminación y reducción de la biodiversidad. Este paradigma va de la mano de la expansión de las tierras agrícolas, afectando también a otros ecosistemas como bosques, montes y selvas.

Hace algunas décadas se estimularon estas prácticas con la promesa de terminar con el hambre en el mundo. La agricultura industrial no solo no ha cumplido con ese objetivo, sino que además ha generado consecuencias ambientales y sociales.

La soja es, por lejos, el principal cultivo de Argentina cuya producción se realiza dentro del modelo descripto en los párrafos anteriores. Una alternativa posible es impulsar la agroecología, pero para esto se necesitará decisión política, apoyo económico y, sobre todo, conciencia ecológica.

El 7 de julio es el Día Nacional de la Conservación del Suelo en nuestro país. Esta fecha como otras del calendario ambiental nos sirven para reflexionar, investigar, informarnos con fuentes confiables, debatir y para pensar en cómo comprometernos con esas causas.

El suelo está en nuestras manos. Trabajemos para ir de la palabra a la acción, del discurso al compromiso activo. Que no quede sólo en una fecha. En Argentina tenemos 3.761.274 km2 que cuidar.

Andrea Truffa Prof. de Biología y Comunicadora Ambiental

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